-Bueno Jorge, ¿te voy a ayudar o no a hacer los diálogos de cine?
-Eso es lo que se llama la maniobra del torero: la graciosa huida. Cambio de tema, número y jugada. ¿Por qué volviste al terruño? ¿Te hacía falta la presa de San Renovato?.
Ya hiciste un doctorado. Escribes bien...
-¿Por qué estás tú aquí, ahora?
- Por curiosidad. Me fui antes de cumplir un año de edad. Pero Guanajuato se fue conmigo. Mi mamá, mi tía...los recuerdos que ellas tenían. Las vieja costumbres. La casona solariega. El viaje en barco a Europa, con carpintero y todo. Los Antillón. Mis papás fueron novios más de treinta años. al final se casaron.He observado muchas veces el retrato de bodas. Mi mamá tiene cara de plçácida satisfacción. MI papá un gesto de desconcierto. Murió antes de que yo naciera. Pero ahí vamos todos, de un lado para otro con el único objetivo de hacerme un hombre de bien.
- Y lo lograron.
Jorge sonríe. -No sé. Cuando dije que quería estudiar teatro el escándalo cundió por la familia. Cuando comencé a escribir, advertía sonrisas furtivas en los rostros: "Quezque quiere ser dramaturgo, tú.". -¡Que Dios nos ampare!
- Por cierto, ¿por qué no hablas como guanajuatense? no tienes ni el acento ni los latiguillos.
-Tal vez por mis papás o por mis maestros. Todos son españoles.
-Tendremos que agradecerle eso a la Madre Patria.
-Ya ves, siempre nos ridiculizas.
-Los retrato niña, nada más los retrato.
-Tú también eres guanajuatense.
-Por la sangre, por el...
-¿Por el corazón?
-No seas cursi. Los observo, igual que me observo a mi mismo. ¿Nunca te has reído de tí en el espejo?
-Constantemente.
-No es cierto. Te admiras, te complaces.
-Igual que tú.
-Esta casa fue la casa de mi familia. Aquí transcurrió la juventud de mi madre. Aquí nací. Con maderas finas, mosaicos italianos, puertas copiadas de mansiones parisinas, una palma traída de un lugar exótico...No sé por qué en México se dan muy bien las palmas... Pero ¿sabes qué? Los bodegones que colgaban en el suntuoso comedor, eran falsos. Burda imitación de óleos.
-Son bonitos.
-Me los entregó tu mamá ahora que volví a esta tierra y a esta casa, ¿los quieres?...
Te los regalo.
Y Jorge me mostró los cuadros con aves y frutas y porcelanas. Los tengo ahora en el comedor de mi casa en México. Cada vez que los veo, me acuerdo de aquella conversación.
Y se me hace un nudo en la garganta. Jorge entonces había regresado a Guanajuato a petición de Manuel Ezcurdia, joven apuesto y aristócrata, que también había permanecido mucho tiempo alejado de Guanajuato. Jorge llegó, no sé si convencido por el ocio, el aburrimiento, o la ilusión de encontrar aquí un rincón apacible para escribir. Todo fue más allá de sus esperanzas: se regodeó en la casa solariega, impartió cursos también en la Escuela de Verano, y escribió una de sus mejores obras:Las muertas o la historia de las Poquianchis.
Pero, ¿cómo estaba la cosa?...Jorge y Manuel regresaban como Ulises, después de la Guerra de Troya. Yo regresaba también de mis aventuras universitarias en México y en París. Éramos un tanto los marginados. Los extranjeros voluntarios, y no estábamos seguros de la bienandanza. Nos dedicamos a trabajar, a vivir la vida, a disfrutar la vida.
La broma, la queja, se mezclaban en conversaciones infinitas.Estaba con nosotros Antoinete, para deleitarnos, no sólo con su presencia sino con sus mágicos platillos. Algunas veces, al volver de la Valenciana, en donde estaba la Escuela de Verano, Jorge y yo éramos invitados a la casa de la mamá de Manuel a tomar un vermut...con una complicidad impuesta por Jorge, que nunca se cumplió: -Mira Manuel,a mí no me gusta el vermut, asíq eu voy a decir que me hace daño. Entonces tú me insistes en que tome otra cosa...un vodka, un negrori, por ejemplo. Pero cada vez que Jorge declaraba que el vermut no le sentaba bien, Manuel hacía un malicioso silencio. Jorge, impaciente, decía: "¿Te acuerdas de lo que te dije en el camino, Manuel? Y Manuel contestaba: -No. ¿Qué me dijiste? El camino de regreso de la Valenciana se hacía generalmente en mi camioneta, audazmente conducida por míy, al decir de Jorge, a la sans-facon.
Jorge había llegado a Guanajuato a hospedarse en case de los De Ezcurdia. Pero un día fue a visitar a mi mamá y le dijo:- Mire María, quiero que me rente un cuarto en esta casa, para no sentirme como visita. Usted sabe que las casa de Guanajuato tienen las recámaras en hilera y para ir al baño yo atravieso el cuarto de Lupita o Lupita el mío. Por otra parte, quiero tener privacía para escribir, y ver si quí encuentro la nostalgia de nuestro viejo abolengo.
Lo primero que se cionstruyó en la casa de Jorge, que después fue de mis padres, fue lo que ahora es un departamento, completamente independiente y que mi papá acondicionó par alquilar. Departamento cuyas bases se levanmtaron en el siglo XVIII y que cuenta con balcón, yedra y gozosa vista a la presa de la Olla.
Ahí se instaló Jorge. Y ahí permaneció en su pasado, escribiendo su novela Las Muertas .
Mi papá era entonces presidente de la Suprema Corte y revisaba el caso de las "Poquianchis". Nosé quién, o no quiero decirlo, sacó copia de los alegatos y Jorge comenzó su obra.
Pretendía hacer una obra dramática, epro Dios escribe derecho en renglones torcidos.
Jorge escribía directo en máquina, con todos los inbredientes del negrori puestos a su alcance. Siempre dejaba la puerta del apartamento abierta. Una noche, al volver de una fiesta, Jorge me llamó: -Margarita, ven, vamos a platicar un rato.
Entré, me senté y me sorpendió con una frase: - No sirvo para la dramaturgia.
-Pero tienes obras muy buenas. Susana y los jóvenes, por ejemplo. Te premiaron El atentado.
-Y prohibieron su puesta en escena.No puedo escribir eso de las "Poquianchis". Estoy enredado. Voy a hacer una novela.
-Tedieron el premio de Casa de las Américas por Los relámpagos de Agosto.
-Los premios no importan. Imagínate, yo escribí a Cuba para decir que no podía ir a recibir el premio, porque, por ser alcohólico, necesitaba cuando menos dos botellas diarias de ron.
- ¿Por qué dijiste eso?
Porque todo el mundo me había contado que en Cuba no se podía conseguir una copa ni por casualidad. Cuando llegué, me entregaron religiosamente mis dos botellas, y yo no sabía qué hacer con todas ellas, así que las escondí bajo el colchón.
Ya para entonces, Jorge hacía las delicias de los asiduos lectores de diarios, con sus artículos periodísticos. Su fama había comenzado a cundir como ingenioso, agudo y notable humorista. Lo que a él más le chocaba.
*Varios Autores, Ibargüengoitia a contrarrelos, Guanajuato, Ediciones de la LVI Legislatura del H. Congreso de Guanajuato, 1996, pp 21-32
-Eso es lo que se llama la maniobra del torero: la graciosa huida. Cambio de tema, número y jugada. ¿Por qué volviste al terruño? ¿Te hacía falta la presa de San Renovato?.
Ya hiciste un doctorado. Escribes bien...
-¿Por qué estás tú aquí, ahora?
- Por curiosidad. Me fui antes de cumplir un año de edad. Pero Guanajuato se fue conmigo. Mi mamá, mi tía...los recuerdos que ellas tenían. Las vieja costumbres. La casona solariega. El viaje en barco a Europa, con carpintero y todo. Los Antillón. Mis papás fueron novios más de treinta años. al final se casaron.He observado muchas veces el retrato de bodas. Mi mamá tiene cara de plçácida satisfacción. MI papá un gesto de desconcierto. Murió antes de que yo naciera. Pero ahí vamos todos, de un lado para otro con el único objetivo de hacerme un hombre de bien.
- Y lo lograron.
Jorge sonríe. -No sé. Cuando dije que quería estudiar teatro el escándalo cundió por la familia. Cuando comencé a escribir, advertía sonrisas furtivas en los rostros: "Quezque quiere ser dramaturgo, tú.". -¡Que Dios nos ampare!
- Por cierto, ¿por qué no hablas como guanajuatense? no tienes ni el acento ni los latiguillos.
-Tal vez por mis papás o por mis maestros. Todos son españoles.
-Tendremos que agradecerle eso a la Madre Patria.
-Ya ves, siempre nos ridiculizas.
-Los retrato niña, nada más los retrato.
-Tú también eres guanajuatense.
-Por la sangre, por el...
-¿Por el corazón?
-No seas cursi. Los observo, igual que me observo a mi mismo. ¿Nunca te has reído de tí en el espejo?
-Constantemente.
-No es cierto. Te admiras, te complaces.
-Igual que tú.
-Esta casa fue la casa de mi familia. Aquí transcurrió la juventud de mi madre. Aquí nací. Con maderas finas, mosaicos italianos, puertas copiadas de mansiones parisinas, una palma traída de un lugar exótico...No sé por qué en México se dan muy bien las palmas... Pero ¿sabes qué? Los bodegones que colgaban en el suntuoso comedor, eran falsos. Burda imitación de óleos.
-Son bonitos.
-Me los entregó tu mamá ahora que volví a esta tierra y a esta casa, ¿los quieres?...
Te los regalo.
Y Jorge me mostró los cuadros con aves y frutas y porcelanas. Los tengo ahora en el comedor de mi casa en México. Cada vez que los veo, me acuerdo de aquella conversación.
Y se me hace un nudo en la garganta. Jorge entonces había regresado a Guanajuato a petición de Manuel Ezcurdia, joven apuesto y aristócrata, que también había permanecido mucho tiempo alejado de Guanajuato. Jorge llegó, no sé si convencido por el ocio, el aburrimiento, o la ilusión de encontrar aquí un rincón apacible para escribir. Todo fue más allá de sus esperanzas: se regodeó en la casa solariega, impartió cursos también en la Escuela de Verano, y escribió una de sus mejores obras:Las muertas o la historia de las Poquianchis.
Pero, ¿cómo estaba la cosa?...Jorge y Manuel regresaban como Ulises, después de la Guerra de Troya. Yo regresaba también de mis aventuras universitarias en México y en París. Éramos un tanto los marginados. Los extranjeros voluntarios, y no estábamos seguros de la bienandanza. Nos dedicamos a trabajar, a vivir la vida, a disfrutar la vida.
La broma, la queja, se mezclaban en conversaciones infinitas.Estaba con nosotros Antoinete, para deleitarnos, no sólo con su presencia sino con sus mágicos platillos. Algunas veces, al volver de la Valenciana, en donde estaba la Escuela de Verano, Jorge y yo éramos invitados a la casa de la mamá de Manuel a tomar un vermut...con una complicidad impuesta por Jorge, que nunca se cumplió: -Mira Manuel,a mí no me gusta el vermut, asíq eu voy a decir que me hace daño. Entonces tú me insistes en que tome otra cosa...un vodka, un negrori, por ejemplo. Pero cada vez que Jorge declaraba que el vermut no le sentaba bien, Manuel hacía un malicioso silencio. Jorge, impaciente, decía: "¿Te acuerdas de lo que te dije en el camino, Manuel? Y Manuel contestaba: -No. ¿Qué me dijiste? El camino de regreso de la Valenciana se hacía generalmente en mi camioneta, audazmente conducida por míy, al decir de Jorge, a la sans-facon.
Jorge había llegado a Guanajuato a hospedarse en case de los De Ezcurdia. Pero un día fue a visitar a mi mamá y le dijo:- Mire María, quiero que me rente un cuarto en esta casa, para no sentirme como visita. Usted sabe que las casa de Guanajuato tienen las recámaras en hilera y para ir al baño yo atravieso el cuarto de Lupita o Lupita el mío. Por otra parte, quiero tener privacía para escribir, y ver si quí encuentro la nostalgia de nuestro viejo abolengo.
Lo primero que se cionstruyó en la casa de Jorge, que después fue de mis padres, fue lo que ahora es un departamento, completamente independiente y que mi papá acondicionó par alquilar. Departamento cuyas bases se levanmtaron en el siglo XVIII y que cuenta con balcón, yedra y gozosa vista a la presa de la Olla.
Ahí se instaló Jorge. Y ahí permaneció en su pasado, escribiendo su novela Las Muertas .
Mi papá era entonces presidente de la Suprema Corte y revisaba el caso de las "Poquianchis". Nosé quién, o no quiero decirlo, sacó copia de los alegatos y Jorge comenzó su obra.
Pretendía hacer una obra dramática, epro Dios escribe derecho en renglones torcidos.
Jorge escribía directo en máquina, con todos los inbredientes del negrori puestos a su alcance. Siempre dejaba la puerta del apartamento abierta. Una noche, al volver de una fiesta, Jorge me llamó: -Margarita, ven, vamos a platicar un rato.
Entré, me senté y me sorpendió con una frase: - No sirvo para la dramaturgia.
-Pero tienes obras muy buenas. Susana y los jóvenes, por ejemplo. Te premiaron El atentado.
-Y prohibieron su puesta en escena.No puedo escribir eso de las "Poquianchis". Estoy enredado. Voy a hacer una novela.
-Tedieron el premio de Casa de las Américas por Los relámpagos de Agosto.
-Los premios no importan. Imagínate, yo escribí a Cuba para decir que no podía ir a recibir el premio, porque, por ser alcohólico, necesitaba cuando menos dos botellas diarias de ron.
- ¿Por qué dijiste eso?
Porque todo el mundo me había contado que en Cuba no se podía conseguir una copa ni por casualidad. Cuando llegué, me entregaron religiosamente mis dos botellas, y yo no sabía qué hacer con todas ellas, así que las escondí bajo el colchón.
Ya para entonces, Jorge hacía las delicias de los asiduos lectores de diarios, con sus artículos periodísticos. Su fama había comenzado a cundir como ingenioso, agudo y notable humorista. Lo que a él más le chocaba.
*Varios Autores, Ibargüengoitia a contrarrelos, Guanajuato, Ediciones de la LVI Legislatura del H. Congreso de Guanajuato, 1996, pp 21-32

